Esta pieza es una representación de las dos aguas, donde convergen y dialogan las energías de Yemayá y Oshun. En ella habita la fuerza del río y la inmensidad del mar, lo dulce y lo salado, lo suave y lo poderoso, en un equilibrio sagrado que se percibe desde el primer instante.
La corona no es un adorno, es un símbolo. Le otorga jerarquía, presencia y autoridad espiritual, elevándola como una figura de poder, respeto y luz. Su porte transmite realeza, pero también sensibilidad y profundidad.
El trabajo de realismo en su rostro es uno de los aspectos más destacados de esta creación. Más allá del maquillaje, aquí no se maquilla una muñeca: se confecciona un rostro. Cada rasgo fue trabajado con intención, buscando naturalidad, expresión y vida. En esta pieza, ese proceso se aprecia con mayor claridad, logrando un rostro sereno, humano y profundamente real.
Su vestuario está lleno de detalles, elaborado con una cuidadosa combinación de telas y texturas que evocan el movimiento del agua, el brillo del sol reflejado en el río y el mar, la riqueza de lo dorado y la profundidad del azul. Cada capa, cada encaje y cada destello hablan de lo femenino, de lo sagrado y de la abundancia.
Como en toda mi obra, esta muñeca es irrepetible. Nunca reproduzco una pieza; cada creación es única, con identidad propia, pensada y realizada de manera individual.
Esta representación mide 28 pulgadas, es una muñeca de goma completa, de excelente calidad, sólida y cuidadosamente trabajada en cada uno de sus detalles.
Forma parte de mi última colección del año 2025, una colección que refleja evolución, madurez artística y una conexión aún más profunda con lo espiritual y lo artesanal.
Una pieza que no solo se contempla: se siente.